El vacío de un amor
- rebeca-mg | insomnio
- 4 ago 2021
- 3 Min. de lectura
Te fuiste
Se fue tu cuerpo, tu sonrisa y tus ojitos
Se fueron tu voz y tus palabras de mis oídos
También tus gestos y tu forma de moverte ante mi panorama
Te llevaste mis besos, mis caricias y mis versos
Tu perfume se fue de mi cuerpo
Los recuerdos se van extinguiendo
Los suspiros vuelven a ser respiraciones normales
Los lugares a los que íbamos dejan de ser especiales
Nuestros mensajes ya no existen
Tú numero con un nombre cariñoso tampoco
Ya no eres la razón de mi insomnio
Ya no eres lo primero que pienso al despertar
Ya no eres mi tema de conversación favorito
Ya no somos cómplices
Ya no somos nuestro escape, nuestra libertad cuando el mundo se sentía cárcel
Ya no me preguntan por qué tengo una sonrisa tonta en la cara, porque ya no la tengo, y si la tengo ya no es por ti
Ya no eres a quien acudo cuando me estoy cayendo a pedazos
Ya no hay dolor, ya no hay rencor
Ya no hay lágrimas, nostalgia ni añoranza
Ya no hay necesidad y martirio
Ya no hay culpas
Ya no hay llamadas pasada la media noche diciendo que te extraño
Ya no hay mensajes de los cuales arrepentirse
Ya no hay humillación
Ya no hay celos
Ya no hay resentimientos
De pronto deja de ser interesante el contar como comenzó todo
Como si hubieras sido un conocido más
No está ni siquiera el final, porque nunca nos despedimos
Pero nos fuimos
Así, como si nada, como si nunca
Y de pronto, lo que queda es un vacío, un olvido que se consumirá en el tiempo
Una anécdota que de viejos contaremos a nuestros nietos
Y con una sonrisa cansada por los años diremos: yo ame demasiado a esta persona, pero ya no recuerdo como se sentía hacerlo
Uno de esos tantos amores arruinados por tonterías, por inmadurez y por no saber querer, querer de verdad
Pero ahora, este vacío, este ridículo vacío lo que hace es mantener un “nosotros” de manera casi imperceptible, como aquel juguete descompuesto que mantienes guardado en el almacén donde nadie puede verlo, ni tú mismo, donde sabes que pasara el tiempo y no lo volverás a sacar porque ya no funciona, ya no es lo que fue, pero lo mantienes ahí a pesar de todo y ni siquiera te tomas la molestia de tirarlo, quizá se deba a que te gusta la idea de conservar lo que una vez significo tanto para ti, ya que de alguna manera, queremos pensar que sigue siendo importante solo porque alguna vez lo fue, lo dejas formar parte de tu historia, una historia que también tentará al olvido, perdiéndose entre muchas otras de cientos de personas… queriendo inmortalizar tus sentimientos incluso cuando en ti ya murieron… que extraño es el ser humano.
Amigo mío, amiga mía, si te acabas de enamorar o si te rompieron el corazón, considéralo el mayor de los regalos, porque te prometo que un día extrañaras ese dolor, ese amor, esas emociones desmedidas, locuras y niñerías cuando estés cerca de la muerte y a penas y recuerdes como era poder amar, como era sentirse vivo.
Porque uno muere mucho antes de lo que se piensa, justo en el momento cuando la poesía ya no sangra a borbotones por una cortada que tú mismo te produjiste. Cuando tu corazón ya no bombea a ritmo de paro cardiaco por amar demasiado a alguien. Cuando incluso tu tristeza no te provoque derramar océanos de versos destructivos en el lienzo, y solo se quiera plasmar con tinta vieja en una hoja desgastada palabras superficiales con rimas y palabras rebuscadas aprendidas de toda la vida, sin pulso, sin amor, sin ese sentido puro y auténtico de la belleza que salpica sin avisar. Todo en un intento en vano de volver a experimentar el significado de las letras entre tus venas, solo para no destronar de tu persona el seudónimo de escritor o poeta, nadie te tomará enserio. Cuando estés muriendo, hazlo dignamente, con las manos hechas trizas llenas de manchones de tinta permanente y ampollas entre los dedos de tanto escribir… Porque hoy que estas vivo debes de vivir como un puto virtuoso arrogante, meciendo y arrojando cuál serpiente labia y verborrea desmedida por todo espacio en blanco que se presente ante ti, utilizando esa pluma con tinta ilimitada que te fue dada para que te rías en la cara de los pseudocriticos, incultos, de los fanáticos de tu arte y de tu yo muerto que te está esperando enfermo o sarcástico al otro lado del futuro.
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